viernes, 30 de octubre de 2015

Un nuevo espacio verde en cierto lugar emblemático del pasado toscanero

Bastante hemos hablado sobre la S.A.T.I. (Societá Anónima Tabacchi Italiani) durante los casi tres años de vida de este blog, y también nos hemos referido a ella en Consumos del Ayer. No es para menos, ya que se trata de una fábrica de toscanos que marcó su época en el dispendio  cigarrero  más  popular  entre  nuestros antepasados.  Junto con la no menos célebre marca Avanti,  los toscanos Regia Italiana de la SATI hicieron las delicias de millones de personas a lo largo de varias décadas.  Entre otras cosas referidas oportunamente, sabemos que dicho rótulo correspondió a los genuinos cigarros italianos hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. Pero sabemos también que en 1933 el gobierno de la península decidió abrir una gran fábrica propia en Buenos Aires para complementar la importación de sus puros y cigarrillos con una abundante producción local. Para 1945, los toscanos Regia Italiana consumidos en estas latitudes ya eran íntegramente manufacturados en la susodicha planta del barrio de Villa Real, usando a tal efecto un mix de tabacos nacionales y extranjeros.


Para el vecindario porteño en cuestión, la gran SATI representó durante mucho tiempo el núcleo de su vida laboral. Llegaron a trabajar allí más de 1.200 personas, especialmente mujeres que tenían a su cargo la delicada  y  minuciosa labor de armar  y envasar las piezas finales de un modo absolutamente manual. A ellas se las conocía como “las toscaneras de la SATI”,  todo un símbolo de ese hito barrial desaparecido hace más de cincuenta años.   En efecto, en 1958,  luego del retiro del estado de Italia de la sociedad,  sus  viejos  empleados aceptaron hacerse cargo de la factoría para asegurar la continuidad laboral, manteniendo el mismo nombre pero trastocando el significado de las siglas a Sociedad Anónima de Tabacos Industrializados (tal como puede apreciarse en la imagen al costado de este párrafo). Con los altibajos e incertidumbres propios de un mercado declinante, la cosa se mantuvo así hasta 1965, cuando debieron mudarse a un pequeño galpón situado sobre la calle Tinogasta. Poco tiempo después, esta última localización también bajó su cortina y los toscanos Regia Italiana pasaron definitivamente a formar parte de la historia tabacalera nacional.


El inmueble -que ocupaba casi íntegramente la manzana comprendida entre las calles José Pedro Varela,  Moliere,  Virgilio  y  Ramón Lista-   fue  alternando  la  condición deshabitada con la presencia de diferentes empresas hasta 1996, cuando un incendio destruyó el viejo edificio casi por completo.  Hasta hace un par de años era un baldío en el sentido más extenso de la palabra (1),  pero  a  mediados  de  2013  las  autoridades porteñas decidieron  emplazar allí una plaza para solaz y esparcimiento de los vecinos. Convocados éstos a fin de elegir la denominación del futuro espacio verde,   supieron seleccionar un acertado nombre histórico que recuerda y honra la memoria del lugar y de su gente: Las Toscaneras de Villa Real. Así comenzó la cosa y así parece terminar con un final feliz, casi al mismo instante de subir esta entrada, puesto que la inauguración oficial se encuentra prevista para el sábado 31 de octubre de 2015 (2).  Los vecinos podrán disfrutar entonces del verde, los juegos, los bancos y todo aquello que le da sentido a estos ambientes urbanos donde se respira un aire algo más puro.


La SATI ya no está, pero al menos nos queda el recuerdo de su paso por Villa Real, tan acertadamente evocado por decisión de sus vecinos.  Quién sabe, tal vez uno de estos días me dé una vuelta por la plaza para fumarme uno de esos Regia Italiana de la década de 1940 que alguna vez tuve la oportunidad de degustar,  y de los cuales conservo un puñado. A lo mejor, entre humos y reflexiones, llegue a escuchar las voces y los sonidos de antaño, como un eco lejano de aquella noble tradición laboral.


Notas:

(1) Documentado gráficamente en la entrada de agosto de 2013 “Sombras del pasado”: http://traslashuellasdeltoscano.blogspot.com.ar/2013/08/sombras-del-pasado.html
(2) Una página de Facebook viene siguiendo las alternativas de las obras desde su inicio, y seguramente seguirá informando sobre el devenir de la nueva plaza: https://www.facebook.com/plazalastoscanas/

viernes, 9 de octubre de 2015

El primer nombre

Hace algunos meses subimos un dueto de entradas referidas al papel que jugaba el toscano dentro del comercio tabacalero argentino en los primeros tiempos de la importación. Dijimos entonces que las menciones fehacientes,   específicas   e inequívocas sobre su presencia en el país aparecen recién en a comienzos del decenio de 1890, treinta años después llegar a nuestras  tierras.  Incluso presentamos evidencias bastante anteriores sobre  dos “primos” peninsulares  (una del Brissago en 1878 y otra del Cavour en 1887), pero nada sobre el cigarro que nos ocupa aquí. Si bien no tenemos duda de que los tres arribaron juntos en los embarques originales (1), debemos reconocer que no hallamos hasta ahora ningún documento o testimonio argentino de índole tabaquística con la palabra toscano expresada así tal cual entre 1861 y 1892 (2). Sin embargo, el paso del tiempo y la experiencia acumulada en la investigación de antiguos vestigios periodísticos y bibliográficos europeos nos generaron un nuevo tipo de interrogantes:  ¿no estarían los toscanos asentados con alguna otra denominación? ¿Puede ser posible que en su período iniciático se los citara de un modo diferente al de su apelativo más conocido en nuestros días? En esta entrada veremos que hay una posibilidad histórica bastante probable en ese sentido,   al   punto  de replantearnos el núcleo terminológico de aquello que nos proponemos indagar en los amarillentos y misteriosos folios del pasado.


Felizmente son muchos los textos italianos asequibles en internet que se remontan a los años pre y post unificación (1850 a 1880) con citas sobre sus cigarros nacionales, en especial los de naturaleza técnica,  oficial  o  práctica: monografías  enfocadas  en  la  industria  del  tabaco, compendios de leyes tributarias, descripciones técnicas de algunas fábricas, catálogos de expositores tabacaleros en ferias industriales,  guías de viajero,  etcétera. Durante bastante tiempo hemos venido rastreando,  ubicando  y examinando ese tipo de obras, y en todas ellas detectamos un rasgo común:   los cigarros más célebres de Italia no siempre eran nombrados con las mismas designaciones que serían famosas medio siglo después. Verbigracia, en aquel tiempo era menos común hablar del cigarro Cavour que del cigarro Foggia Svizzera (3), aunque en la práctica fueran sinónimos. Lo mismo sucedía con el Brissago, más renombrado entonces como Virginia o como Alla Paglia, e idéntica usanza recaía sobre el toscano, cuyo apelativo frecuente era fermentati, vocablo que define cierta característica de su elaboración y que no sería olvidado en las décadas posteriores.


Pero en la época contemporánea a Giuseppe Garibaldi y Vittorio Emanuele II, dicho rótulo de fermentati   -que significa “fermentados” (4)-  resultaba algo más que un simple término descriptivo. De hecho, se percibe como un nombre en sí mismo, casi como una marca de uso corriente para definir al toscano, tanto así que aparece excluyentemente en las etiquetas de la    Direzione Generale delle Privative  que vestían las cajas de 50 cigarros durante casi todo el siglo XIX.    Entre   las imágenes que adornan esta entrada podemos ubicar algunos de los precintos en cuestión, tanto de toscanos (Fermentati) como de Cavour (Foggia Svizzera), a los que se suman antiguas portadas de libros y catálogos del género técnico/legal/práctico antes señalado. En uno de ellos queremos poner nuestra mirada: la Guida di Milano del año 1871, donde pudimos localizar una perfecta representación de la manera en que los cigarros itálicos se conocían, se pedían y se vendían promediando la decimonovena centuria de nuestra era.


En efecto, una página que expone parte del listado de artículos del fumar asequibles en esa ciudad nos indica   claramente   la   división   en   jerarquías cualitativas de  y  para los puros italianos, que se extendían a tres y hasta cuatro en el caso de los Avana  (habanos) y los Spagnoletto  (cigarrillos de papel).    Luego,  dentro  del  segmento  que  nos interesa, observamos varios especímenes apuntados como Virginia  o  Alla  Paglia  (Brissago), como Alla Foggia  Svizzera  (Cavour)  y  como  Fermentati (toscanos). El punto remarcable es que en los tres casos se omite por completo la designación que acabamos de aclarar respectivamente entre paréntesis.  La conclusión  derivada de ello, y reforzada por muchos otros testimonios de la época, es que en los registros escritos previos a 1890 resulta tanto o más fácil encontrar menciones sobre cigarros fermentati que sobre cigarros toscanos. Un análisis cronológico más detallado (que sería engorroso volcar aquí) revela incluso el paso paulatino de un nombre hacia otro a medida que la mitad de siglo se iba alejando mientras el mundo se modernizaba  y  las costumbres cambiaban. Queda entonces bien claro que el celebérrimo “toscano” de fines del XIX y principios del XX era el “fermentati” de 1860 y 1870 (5).


Así fue que aprendimos algo más acerca de este humeante emblema de la vieja Italia. Y, sobre todo, sabemos ahora que las futuras búsquedas de referencias toscaneras en la Argentina de la época bien pueden estar allí con prescindencia absoluta de la última palabra que constituye el título de este blog.

Notas:

(1) Las razones que nos llevan a asegurarlo fueron analizadas en la entrada del 25/9/2013 bajo el título “El dato que tanto buscábamos: la primera importación argentina de cigarros italianos” http://traslashuellasdeltoscano.blogspot.com.ar/2013/09/el-dato-que-tanto-buscabamos-la-primera.html
(2) Ese último año, el economista Dimas Helguera publicó un trabajo sobre las diferentes industrias de nuestro país. En el capítulo del tabaco analiza el importante desarrollo de los puros tipo italiano y menciona concretamente al toscano, entre otros modelos. Esa es la alusión toscanera más antigua publicada en el país que logramos ubicar hasta ahora.
(3) Traducible como Formato Suizo o  Uso Suizo. Todo indica que el Cavour se elaboró en Suiza antes que en la propia Italia, lo cual tiene una enorme lógica geográfica, puesto que se trataba de un artículo típico del Piamonte, región limítrofe con el país helvético. El término alla paglia del Brissago significa “a la paja” y se condice perfectamente con de la paja, su popular mote en la Argentina finisecular del XIX.
 (4) Trasladada al español, la inscripción también supo figurar en los antiguos envases de la manufactura argentina durante buena parte del siglo XX, aunque siempre como una leyenda complementaria del rótulo principal toscanos.


(5) El uso del nombre era compartido por el cigarro napolitano, un tipo muy similar al toscano que hemos mencionado alguna vez.