jueves, 24 de septiembre de 2015

Cigarreros italianos en 1895 IV

Con esta entrada se cumplen  cuatro  ocasiones consecutivas enfocadas en un mismo tema, lo cual no tiene antecedentes en nuestro blog. El motivo de semejante  énfasis  se  relaciona  con  uno  de  los objetivos esenciales que nos trazamos hace poco menos de tres años:   la  búsqueda  (y en lo posible el hallazgo)   de antiguos fabricantes de cigarros italianos en la Argentina del ayer. Sabíamos que eso no iba a ser fácil,  y que seguramente no faltarían oportunidades en las que descubriríamos certezas  “a medias”, o sea, registros tan convincentes sobre la actividad tabacalera en general como poco específicos en cuanto a las elaboraciones que nos interesan. Con una mirada crítica (mea culpa) eso mismo se podría decir de las evidencias que hemos presentado hasta ahora para demostrar la supuesta confección de toscanos por parte de los 41 cigarreros italianos y sus talleres ubicados en la Ciudad de Buenos Aires.


Bien o mal, nuestra argumentación se viene sosteniendo en tres cuestiones:

1-  La nacionalidad italiana de los titulares, remarcable pero poco reveladora en sí misma.  No obstante, debemos considerar los lazos patrióticos espirituales que unían a los inmigrantes,  quienes preferían consumir productos propios de su país, más aún si estaban elaborados por gente de la colectividad. Por aquel tiempo, los emprendedores italianos afincados en estas tierras que fabricaban artículos  específicos  para sus  compatriotas constituían una postal cotidiana  y masiva.  Al respecto, vale la pena apuntar un dato significativo: de  los  nueve  establecimientos  que tenemos debidamente chequeados como fábricas de toscanos en el siglo XIX, siete tienen dueños italianos. Esa característica incluso se aprecia entre los trabajadores en relación de dependencia que logramos ubicar incidentalmente en el censo poblacional,  con excepción de algún solitario español o de argentinos descendientes de italianos.  La imagen a continuación de este párrafo es una muestra de ello: la cigarrería de Nicolás Bassi en el barrio de La Boca, que primero hallamos en el censo industrial y luego en el de población, con su dueño y dos cigarreros argentinos llamados Novella y Pappolla.
2-  Una importante mayoría de los apellidos de la nómina proviene del norte (Piamonte, Liguria, Véneto, Lombardía), donde se concentraba la tradicional y poderosa industria de los puros típicos peninsulares,  como el Cavour y el Brissago.  Esto suma abundantes puntos en favor de nuestra teoría porque sabemos bien que ese tipo de fabricación  estaba invariablemente ligada a la de los toscanos.
3-  El carácter familiar casi íntimo comprobable en muchos casos (mayormente parecen trabajar en sus propias casas), decididamente más proclive a la elaboración acotada de puros que a la manufactura  industrial de cigarrillos por obvias limitaciones de personal, tiempo, volumen y competencia en el mercado.


Pero hay además algunos otros puntos para reflexionar, que son los siguientes:

- El contexto del sector en 1895: ya desde comienzos de esa década el toscano se fortalece como el puro más fumado del país, lo que equivale a decir que era el artículo tabacalero con mayores ventas después de los cigarrillos de papel.   La industria del cigarro de hoja gozaba de un apogeo que no iba a durar mucho, aunque el toscano se mantendría con éxito durante al menos seis décadas más.
- Las alusiones a la vastedad de su elaboración: incontables fuentes de la época señalan que los cigarros italianos (especialmente los toscanos) eran profusamente elaborados, o importados, o falsificados, o incluso contrabandeados, pero siempre en gran número y por mucha gente diferente. Además de evidenciar una enorme demanda, eso implica que la industria nacional estaba fuertemente atomizada entre pequeños fabricantes.
- El misterioso origen de los cigarreros que trabajaron en “Avanti” pocos años después:  la apertura de la gran fábrica Avanti entre 1902 y 1904 en el barrio de Villa Urquiza es quizás el dato más conocido en la historiografía del toscano argentino. En sus comienzos, esa colosal planta (la primera de semejante envergadura abocada exclusivamente al toscano)  contrataba cigarreros italianos de manera exceptiva,  dado que tenían la destreza para hacer su labor en forma rápida  y  eficaz.  Si hasta entonces no existía ninguna factoría especializada con semejante magnitud,   ¿de dónde pudieron haber salido los centenares de operarios, capataces y jefes de producción que calificaban sólo si tenían experiencia en la materia, y que fueron contratados prácticamente al unísono? ¿Qué hacían todos ellos en los años anteriores?  La presencia de estos pequeños talleres y cigarrerías con elaboración propia en la década previa proporciona una respuesta tan lógica que parece casi incontrovertible.


Sin embargo, lo único incontrovertible es aquello que se comprueba al ciento por ciento. Por más que todo lo visto en las últimas cuatro entradas le da un poderoso sustento a nuestra hipótesis (según la cual,  la gran mayoría -por no decir la totalidad- de los 41 cigarreros italianos que encontramos establecidos en la Capital Federal de acuerdo al Boletín Industrial del Censo 1895 producía toscanos), no vamos a considerarlos como fabricantes chequeados, con excepción de dos casos que hemos separado para nuestro listado principal de establecimientos cotejados históricamente, y que explicaremos en un futuro cercano.  En todo caso,  a partir de ahora llevaremos un listado aparte con los posibles manufactureros de toscanos, que dimos en comenzar por la Ciudad de Buenos Aires y que algún día ampliaremos a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, donde seguramente existían otros.


Lo bueno, en definitiva, es mantener en alto el espíritu de investigación y recordar a esas miles de personas (mujeres y hombres) que forjaron la fama legendaria del producto ítalo argentino más emblemático de nuestra historia.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Cigarreros italianos en 1895 III

El personal ocupado en cada establecimiento es quizás el más significativo de los datos apuntados en la lista de cigarreros italianos  que venimos analizando desde las últimas dos entradas,  ya que nos permite vislumbrar el grado más o menos modesto,  artesanal y familiar de cada establecimiento.  De todos modos,  no tenemos dudas sobre el común denominador de “micro-empresa” que envuelve a la inmensa mayoría.  En el repertorio de 41 talleres notamos que 20  declaran tener 1 o 2 empleados, mientras  que  otros  17 cuentan con 3, 4 o 5 personas ocupadas. Dos de los cuatro restantes apenas superan la media decena, con 6 y 7 empleados, y finalmente nos queda la única dupla de firmas con un plantel de cierta consideración: Cayetano Sturla (11) y Caligaris y Terzano (25). Este último número sobresale del resto y nos dio la excusa para investigarlo de manera particularmente puntillosa, cosa que hicimos con los resultados que siguen.


Como dijimos en la entrada anterior, la segunda fuente de información  para verificar datos es la parte poblacional  del  mismo  censo  1895,  felizmente digitalizada  en  internet.  En  el  caso  Caligaris  y Terzano, la ficha del Boletín Industrial  indicaba la sección 7ª, y allí nos adentramos con mucha suerte, al punto de hallarlos  habitando en el mismo domicilio y descubrir que eran parientes.  Eso nos permitió además sumar  un  indicio  geográfico  de  cierta especificidad: la calle Corrientes. Por desgracia no se llega a leer el número,  pero tratándose de la mencionada sección 7ª  tiene que ser algún punto entre las actuales José Evaristo Uriburu y Rodríguez Peña.  Yendo a la información concreta,  el primer apuntado es Giuseppe Caligaris,  italiano de 36 años y profesión comerciante, junto a su esposa Teresa Terzano, de 31 años e igual nacionalidad, y sus hijos Aída, Carmen, Alfonso y Adolfo, todos nacidos en Argentina.  Luego sigue el otro grupo familiar encabezado por Carlo Terzano,  también italiano y comerciante,  de 32 años, unido en matrimonio con Giovanna Bianco, italiana de 26,  y su descendencia argentina encarnada por los pequeños Josefa,  Giovanna y Federico.  Seguidamente aparecen Juan Marelleno, cigarrero español (22), Francesco Amerio, carpintero italiano viudo (55),  y las que parecen ser hijas de este último:  Emma (26) y Giuseppina (20), ambas cigarreras de oficio. No hay después de esto otras referencias de nuestro interés.


No caben dudas de que los Caligaris y Terzano registrados en el Boletín Industrial son los mismos que hallamos luego en el censo de población. Tenemos, en el primero, a dos socios que declaran ser italianos y conjugan sus nombres a modo de razón social,  y  luego, en el segundo,  a  dos individuos con idénticos apellidos y nacionalidades, domiciliados en la misma sección, que viven juntos, que parecen ser cuñados y que se definen como comerciantes, o sea que sobre ese punto no hay dudas. Ahora bien, ¿por qué comerciantes y no cigarreros? En realidad, los dos rótulos son correctos si una persona elabora cigarros y también los vende, ya que es indistintamente una cosa o la otra y puede elegir la que guste al manifestar su profesión. Un panadero de oficio con  local propio de venta al público bien puede indicar que es panadero, pero también puede decir que es comerciante, sin mentir en ninguno de los dos casos.  De  todas maneras, la presencia de otros cigarreros en el lugar confirma nuestra hipótesis, aunque genera una nueva pregunta relativa a notorias diferencias numéricas: si en la compulsa de población fueron censados nada más que tres cigarreros y un carpintero, ¿dónde están los otros 21 empleados? Si bien no tenemos la certeza de que fábrica y casa sean  exactamente lo mismo -espacialmente hablando- sabemos que por aquel tiempo la gente buscaba tener su domicilio aledaño al trabajo e incluso,  si  era  posible,  en el mismo inmueble,  en piezas situadas al fondo,  arriba  o  al  costado,   pero casi siempre en la inmediata cercanía.  Quizás la cigarrería estaba muy cerca  y  sólo fueron censados los cigarreros que vivían allí mismo, mientras que otros se domiciliaban algo más alejados. Esa es una de varias posibles explicaciones (1), pero lo que nos interesa aquí es que hasta ahora todo huele a tabaco, por decirlo de alguna manera, y si hilamos un poco más fino huele a cigarro puro (2).


La vez pasada destacamos el ingrediente septentrional de los apellidos comparecientes en nuestra lista, de neta mayoría piamontesa, ligur, lombarda y véneta, es decir, donde existía la mayor tradición itálica de cigarros puros. Y en este caso es aplastante: una búsqueda muy minuciosa en sitios especializados nos indicó que de los 339 Caligaris existentes hoy en la península,  309 (90%) corresponden al Piamonte,  la Liguria y la Lombardía. En el mismo sentido, los Terzano son 174 en total, de los cuales 122 (70%) pertenecen a las susodichas regiones del norte. También revisamos el apellido Amerio de las dos jóvenes cigarreras presentes en el lugar. La distribución gráfica de esa gracia en el territorio italiano, que podemos ver a continuación, habla por sí sola.


Hemos verificado así, a modo de muestra representativa, uno de los establecimientos en tiempo, forma  y  lugar,  conocido a sus titulares,  sus familias  y  a algunos de sus empleados, todo reforzado por indicios que apuntan a la producción de cigarros puros italianos sin descartar al resto de los artículos tabacaleros. Es casi seguro que en las cigarrerías de nuestra lista se confeccionaban,  además del Cavour,  el Brissago y el toscano, otro tipo de cigarros de hoja e incluso, quizás, cigarrillos. No obstante parecería que nada indica de manera inequívoca una cosa o la otra con excepción de algunas conjeturas, ciertas suposiciones y determinados  hechos circunstanciales ocurridos hace 120 años.  Pero, ¿qué pasa si unimos todas  las pistas obtenidas  hasta ahora con otras reflexiones sobre la industria toscanera de la época, muchas de las cuales vimos hace tiempo en este blog, y las confrontamos conjuntamente? Eso mismo vamos a hacer, a  modo de epílogo, en la próxima entrada de la serie.

                                                            CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Tal vez el censo se hizo un domingo (que en ese entonces se trabajaba medio día) y solamente estaban presentes algunos de los operarios. También es posible que la cifra de 25 empleados incluyera a personas que elaboraban cigarros en sus propias casas y luego los llevaban a la fábrica, donde se efectuaba un control y se  pagaba por cantidad y calidad entregada. Esa práctica era muy común dentro de la industria tabacalera.
(2) La presencia de carpinteros,  como el apuntado Francesco Amerio,  resultaba imprescindible en las manufacturas de cigarros puros, ya que éstos solían ser envasados en cajas de madera conteniendo 20,  25  o  50 unidades,  según el modelo. Las reseñas de establecimientos célebres como La Argentina  o  La Virginia,  que hemos repasado oportunamente, hablan de sectores propios y específicos de carpintería destinados a dicha labor.


martes, 8 de septiembre de 2015

Cigarreros italianos en 1895 II

Tal cual señalamos en el posteo de junio titulado Desventuras de un investigador, el Boletín Industrial del censo 1895 es tan útil para ubicar manufacturas de tabaco como inútil para saber si se dedicaban a alguna especialización determinada. Dicho en otros términos, prácticamente ningún dato allí plasmado nos ofrece indicios sobre la eventual elaboración de productos   italianos (1).   No  obstante,  aquella adversidad  inicial  se  convirtió  en  un marcado entusiasmo por averiguar algo más sobre esos cigarreros peninsulares que tenían toda la aureola de  fabricantes  toscaneros. La  primera  fuente complementaria que consultamos fue el capítulo poblacional del censo en cuestión (que es un censo aparte, en rigor de verdad), donde los habitantes quedaron asentados en los domicilios junto con sus grupos familiares (2).  Sabiendo que nuestro sondeo se limitaba a la Capital Federal  iniciamos la exploración de nombres y apellidos. Un dato histórico nos ayudaba bastante: la gente de la época solía vivir en el mismo lugar de trabajo  o  muy cerca de él,  especialmente si se trataba de empresas pequeñas  y familiares. Era más que probable encontrar a estos cigarreros italianos habitando en la misma sección donde desarrollaban sus labores cotidianas.


Y así fue que dimos con muchos de ellos, quienes declaraban siempre  tener  como  oficios  los  de cigarrero   o   comerciante.   Eso  es  una  buena confirmación de su existencia en tiempo y lugar, pero no implica ningún rastro concreto del tema que más nos interesa.  Un cigarrero a secas podía hacer cualquier tipo de puro y no necesariamente uno italiano, e incluso era capaz de armar cigarrillos de papel.  Lo mismo sucede con los comerciantes dedicados al rubro, que podían elegir entre cientos de ítems tabacaleros para confeccionar y vender. La  nacionalidad italiana es un dato que apunta en la dirección que queremos, pero no lo suficiente, al igual que la condición de talleres artesanales con pocos empleados. ¿Qué más pudimos encontrar? Pues bien, la siguiente etapa de la búsqueda nos llevó a la misma Italia (virtualmente hablando, claro), donde logramos descubrir algunas cosas harto interesantes.   Verbigracia,  que  la  nómina presentada en la entrada anterior está repleta de apellidos originarios del norte de Italia, especialmente del Piemonte, la Liguria, la Lombardía y el Véneto. Y eso, como veremos, no es casualidad.


Señalamos hace algún tiempo que la primera gran inmigración desde Italia, entre 1860 y 1880, estuvo compuesta por nativos del norte,  y que a partir de entonces empezó a venir la gente del centro y el sur.  En la Argentina de 1895,  quince años después del comienzo de esta segunda oleada,  era  igualmente  sencillo encontrar personas de cualquier región de ese país. ¿Por qué, entonces, la mayoría de los cigarreros italianos era del norte?  Por algo muy simple: la industria tabacalera se encontraba allí mucho más desarrollada, había más fábricas y existía una mayor tradición en la manufactura de ciertos  cigarros emblemáticos,  como  el Cavour,  del Piemonte,  o el Brissago,  del Véneto.  Ergo,  esos artesanos tabacaleros llegaban empapados de una tradición laboral claramente inclinada hacia los puros de sus respectivas regiones.   No  eran especialistas en los tipos habanos,  ni en cigarrillos de papel (3),  sino en los cigarros que consumían ellos, sus hermanos, sus padres, sus abuelos, y que seguramente habían aprendido a armar cuando todavía eran niños. Veamos a modo de ejemplo gráfico un par de casos: el de Francisco Queirolo y Cayetano Sturla. En ambos  podemos apreciar una selección de la página correspondiente al censo de población y luego la ubicación geográfica de sus apellidos en Italia, de acuerdo con el sitio www.gens.info (4)


Exactamente lo mismo sucede con Ricotti, Aime, Cavanenghi, Rotta, Corso, Bonani, Montini, Camillo, Dodero, Ferrando, Pancini, Carrega, Capra, Bertolazzi (apuntado erróneamente en la ficha del censo con una sola zeta) Gambetta y Nicolodi, sumados a los socios y cuñados Caligaris y Terzano, cuyo caso especial trataremos en la próxima entrada. Empezamos hablando de cigarreros italianos. Luego, de cigarreros italianos artesanales. Ahora ya tenemos a cigarreros italianos artesanales mayormente del norte, lo que nos va llevando lentamente hacia donde queremos llegar…

                                                            CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Hay excepciones muy puntuales. En aquella misma ocasión señalábamos el sugestivo nombre de la Cigarrería de la paja, de Botti y Ramírez, y poco tiempo después dimos con algo parecido, pero mucho más explícito: nada menos que el inestimable y legendario establecimiento La Argentina, de Juan Otero y Nicolás Cavalleri, pionero en la industria nacional de puros itálicos. En el padrón que nos ocupa aparece como Fábrica de cigarros denominados de la paja,  es  decir,  Brissagos.  Semejante rótulo viene a confirmar que cualquier referencia de la época sobre la elaboración de alguno de los tres cigarros italianos más famosos indicaba inexorablemente la confección simultánea de los otros dos. En el caso de La Argentina lo sabemos bien porque conocemos la reseña de su establecimiento según una importante guía industrial publicada ese mismo año de 1895, cuyo contenido volcamos hace un par de años bajo el título Manufacturas pioneras del toscano nacional . Volveremos sobre este punto en la cuarta y última entrada de la presente serie, cuando expongamos conjuntamente los indicios que avalan nuestra hipótesis de que todos los integrantes de la lista de cigarreros italianos afincados en Buenos Aires producían toscanos.


(2) Esa información es de libre acceso en el sitio familysearch.org. La parte específica del censo 1895 está en el siguiente enlace que lleva al motor de búsqueda de nombres y apellidos: https://familysearch.org/search/collection/1410078
(3) De hecho, los cigarrillos son la más remota de las posibilidades, por dos razones. La primera es que en Italia no gozaban de un consumo extendido: según las estadísticas presentadas por el profesor Luca Garbini (cuyo excelente trabajo académico hemos citado varias veces), en 1895 Italia vendió en su mercado interno cigarros puros por un total equivalente a 5.845.851 kilos de tabaco, mientras que los cigarrillos apenas alcanzaron los 390.712 kilos. El segundo motivo es que la manufactura argentina del cigarrillo estaba en ese entonces sumamente mecanizada y en manos de fábricas grandes. Para un cigarrero artesanal, elaborar semejante  tipo de artículos era poco o nada competitivo.
(4) Si alguien desea buscar un apellido deber ir al botón Cognome.

martes, 1 de septiembre de 2015

Cigarreros italianos en 1895 I

Cuando en junio pasado me propuse discontinuar la búsqueda de cigarreros italianos apuntados en el Boletín Industrial del Censo 1895  no imaginaba que dicho planteo se derrumbaría tan pronto,  ya  que apenas fueron necesarias un par de semanas para que mi espíritu indagador emergiera de nuevo y me llevara otra vez al Archivo General de la Nación. Como resultado preliminar de semejante impulso pude   sacar   en   limpio   un   listado   de   41 manufactureros peninsulares diseminados por diferentes  barrios  de  la  Capital  Federal. Seguramente muchos otros desarrollaban el mismo oficio en el resto del país, especialmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, pero la ciudad porteña por sí sola nos brinda una confirmación plena de que a fines del siglo XIX existían decenas de locales, talleres y pequeñas fábricas dedicadas a la elaboración de cigarros italianos.  En  ésta  y  otras  tres  entradas,  que  subiremos consecutivamente,  iremos  analizando  el  singular  repertorio  de  cigarreros  itálicos afincados en Buenos Aires hasta llegar a la conclusión -con las debidas evidencias y los argumentos necesarios- de que todos ellos eran fabricantes de toscanos, aunque los registros en cuestión no lo indiquen explícitamente.


El rubro del tabaco en la Reina del Plata estaba dominado por los españoles, que en 1895 alcanzan más  o  menos  el  60%  de  la  titularidad  de  las empresas volcadas como Cigarrerías, Fábricas de Cigarros o Fábricas de Tabacos (1). Les siguen los italianos con un 30%,  mientras que el resto se compone  de  otras  nacionalidades,  incluyendo algunos argentinos.   Nuestro interés se concentra en ese treinta por ciento de italianos residentes en 18 de las 29 secciones que sirvieron como límites jurisdiccionales del censo. Lamentablemente no pudimos acceder a dos de ellas (10ª y 11ª) por hallarse traspapeladas en los archivos del AGN, aunque su ubicación nos habla de sectores no demasiado poblados. Las otras secciones que no aparecen en el listado son  8ª, 12ª, 14ª, 17ª, 22ª, 23ª, 24ª, 26ª y 29ª, en las que sucede una de dos cosas: o hay cigarrerías y fábricas de cigarros (pero no en manos de italianos) o directamente no se ubica allí ninguna clase de manufactura de tabacos.


Dado que las fichas del censo no informan domicilios (excepcionalmente algunos censistas anotaban el dato al margen para ordenar sus recorridos), la única referencia geográfica reside en la indicación de secciones. Las siguientes son las marcas limítrofes correspondientes a cada una de ellas en 1895, bien precisas en algunos casos y más genéricas en otros (2):

Sección 1ª: Paseo de Julio (Alem), Córdoba, Maipú, Rivadavia.
Sección 2ª: Paseo Colón, Rivadavia, Chacabuco, Independencia.
Sección 3ª: Maipú, Córdoba, Libertad, Rivadavia.
Sección 4ª: Chacabuco, Rivadavia, Salta, Independencia.
Sección 5ª: Libertad, Córdoba, Rodríguez Peña, Rivadavia.
Sección 6ª: Salta, Rivadavia, Solís, Independencia.
Sección 7ª: Rodríguez Peña, Córdoba, J. E. Uriburu, Rivadavia.
Sección 9ª: J. E. Uriburu, Córdoba, Jean Jaures, Rivadavia.
Sección 13ª: barrio de Retiro.
Sección 15ª: barrio de Recoleta.
Sección 16ª: barrios de Constitución (este) y San Telmo.
Sección 18ª: barrio de Constitución (oeste).
Sección 19ª: barrio de Barracas.
Sección 20ª: barrio de La Boca.
Sección 21ª: barrios de Palermo y Recoleta (norte).
Sección 25ª: barrio de Flores.
Sección 27ª: barrio de San Cristóbal (este).
Sección 28ª: parte del barrio de La Boca.

Y el que sigue, finalmente, es el listado de las 41 cigarrerías con elaboración propia y fábricas de cigarros situadas en la Capital Federal (3),  cuyos titulares declaran ser de nacionalidad italiana. Solamente en una ocasión detectamos la mixtura de nacionalidades entre los dueños de un taller: Botti, italiano, y Ramírez, español. De izquierda a derecha, las columnas indican razón social (mayormente el mismo nombre del dueño), propietarios, cantidad de empleados y sección (hacer click sobre el listado para ampliar).


No resulta extraño que la Sección 20ª (La Boca) sea la que acredita el mayor número de hallazgos si tenemos en cuenta la composición poblacional que dio origen al vecindario. Ese dato, en apariencia poco revelador, es uno de los tantos que nos fueron llevando a una conclusión fascinante: hay mucha más información en el listado de lo que parece a simple vista. En base a ello, vamos a desmadejar lentamente el hilo histórico que nos llevará a responder algunos de los   interrogantes que constituyen la esencia de este blog:  ¿podemos saber cuántos de esos cigarreros italianos eran fabricantes de toscanos?  Y si es así,  ¿en qué se datos nos basamos?  De eso hablaremos en las próximas tres entradas, muy pronto.

                                                             CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Aunque ya lo mencionamos en junio, vale aclarar que no hay confusión posible entre las llamadas cigarrerías que se dedicaban exclusivamente a la venta minorista y aquellas que tenían elaboración propia, dado que fueron censadas en boletines distintos (Boletín Comercial  y  Boletín Industrial) cuyas fichas están bien diferenciadas con preguntas puntuales, y que además se encuentran archivados separadamente. Queda claro que un cierto porcentaje de cigarreros hacía ambas cosas,  fabricar  y  vender al público,  pero en esos casos tenemos la completa seguridad de que cualquier tipo de manufactura quedaba registrada en el boletín que nos interesa -el industrial- por más pequeña que fuera su producción.
(2) El ambiente entre suburbano y semi-rual de las secciones más alejadas del centro hace difícil establecer las divisorias de acuerdo con nuestra comprensión actual de la ciudad. Muchas de esas antiguas demarcaciones se basaban en hitos desaparecidos o muy modificados con el tiempo, como las divisiones de antiguas quintas o el paso de pequeños arroyos.
(3) No incluye aquellas de las que teníamos conocimiento previo y que ya integraban nuestro listado de fábricas chequeadas, como las manufacturas de Agustín Grillo, los Cónyuges Brambilla (La Virginia) o el establecimiento de Juan Otero (La Argentina), que era español pero tenía un socio italiano llamado Nicolás Cavalieri.   También  están exceptuados dos casos especiales que encontramos en el censo 1895, pero dotados de evidencias tan contundentes sobre la elaboración de toscanos que decidimos pasarlos directamente al listado principal.  Este último cuenta con varias actualizaciones que presentaremos dentro de algún tiempo.