domingo, 18 de mayo de 2014

La Suiza, una fábrica precursora del toscano en la ciudad de Rosario

No obstante la conocida crisis económica que sacudió a la nación en 1890, el comienzo de esa década marca un avance definitivo del progreso para las principales urbes de nuestro país. En semejante contexto, Rosario ya estaba posicionada como la segunda ciudad argentina en términos de población, comercio e industria.  Apogeo del fenómeno inmigratorio mediante,  la gran metrópolis portuaria del Paraná competía con Buenos Aires en cantidad, calidad  y  envergadura de bancos,  fábricas,  hoteles,  tiendas  y estaciones ferroviarias (1). La manufactura tabacalera, muy próspera en la época, no era una excepción a este desarrollo. Numerosas factorías y talleres producían entonces diferentes artículos del fumar que luego eran comercializados al detalle en los no menos cuantiosos locales de cigarrerías, almacenes, bares y demás comercios relacionados.


Aunque la producción rosarina de cigarrillos y puros data  de  mucho  antes,    todo  indica  que  el establecimiento La Suiza, de la empresa Testoni, Chiesa & Compañía, fundado en 1890, fue el primero que sumó a esas elaboraciones tradicionales la confección de los cigarros llamados italianos, es decir, los del tipo Cavour, Brissago y Toscano, que constituían el furor de ventas hacia fines del siglo XIX. Desde su planta de la calle Urquiza 1052, a pocas cuadras del célebre  Monumento  a  la  Bandera  (2),  la firma de marras logró posicionarse rápidamente en el mercado santafecino  y  también en la misma Capital Federal, al punto de establecer un amplio local propio sobre la Avenida de Mayo 646 (3). Un informe del año 1895 describe la importancia del emprendimiento que “ocupa un área de 3000 m2, sin contar la sección aserradero”,  señalando lo siguiente:  “200 a 250 operarios, que representan otras tantas familias, ganan allí su sustento, de las cuales 150 son mujeres”.



La parte técnica enumera ciertos aspectos muy característicos de las fábricas que producían puros de acervo itálico,  como  una  estufa  de  piedra importada de Suiza con capacidad para   30.000 cigarros. Pero el detalle que más nos interesa resulta bien esclarecido cuando se relata que “pasamos enseguida al espacioso local donde se elaboran los cigarros italianos. Vimos 25 mesas ocupadas por 200 obreros…”   El catálogo de productos fabricados estaba formado en ese entonces, textualmente,  por “cigarros de paja uso Viena, cavours, cigarros pluma, marca Falstoff, Barletta, toscanos, Indianas, La Luz, Ondinas, Chiaravalli, Montegeneroso, Damitas, trabucos, perales y muchas otras clases”. En la lista antedicha conviven,  obviamente,  tipos  de productos  con  marcas  comerciales,   la  mayoría completamente desaparecidas en la bruma del tiempo. El repertorio de tabacos estibados es igualmente variopinto, pero refleja perfectamente la diversidad de materias primas que se  utilizaba  en  aquellos  años:    “vimos estibas de dos a tres mil fardos de tabaco correntino, paraguayo, salteño, tucumano, Virginia, Bahía, Río Grande y otras clases” (4).


La Suiza de Testoni & Chiesa continuó su vida en las manos fundadoras hasta 1911, cuando fue adquirida por un conglomerado tabacalero de origen inglés (luego absorbido, a su vez, por la firma Piccardo). En esos años supo lanzar al mercado diferentes rótulos que llegaron a ser muy populares, como los cigarrillos Mauser Argentino, Monterrey  y Vencedor, así como el tabaco  Cerro Corá.  También tuvo sus tropiezos comerciales y legales,  como cierta oportunidad en que debió enfrentar un juicio por falsificación e imitación de marcas, y precisamente de toscanos (5). Pero igual vale la pena recordar a este portento de la industria nacional,  el primero que puso su  pie  en  la  cuna  de  la Bandera Patria con el fin de producir el cigarro puro más popular de nuestro país durante cien años.


Notas:

(1) Entre 1910 y 1950, la ciudad de Rosario llegó a contar con cinco terminales ferroviarias de pasajeros funcionando en forma simultánea, pertenecientes a distintas empresas de capital privado. Ellas eran Rosario Central (FCCA), Rosario del Santa Fe (FCSF), Rosario Central Córdoba (FCCC), Rosario del Compañía General (FCCGBA) y Rosario RPB (FCRPB). Por ese entonces, sólo Buenos Aires  (que tenía siete)  la superaba.   Con la nacionalización de 1949  se hizo evidente que tan compleja nomenclatura  podía unificarse por trochas, y las cinco estaciones terminales pasaron a ser dos, una para trocha ancha y otra para trocha angosta. Actualmente ninguna de las mencionadas se encuentra operativa, aunque todas están en pie cumpliendo diferentes servicios: Rosario Central es un complejo cultural y recreativo, Rosario del Santa Fe es la terminal de ómnibus, Rosario Central Córdoba  no tiene un destino específico, aunque es protegida por entidades de preservación ferroviaria, Rosario del Compañía General es un destacamento de Gendarmería Nacional, y Rosario RPB se encuentra dentro de un campus universitario. La siguiente es una foto actual, tan hermosa como lúgubre y desolada, de la estación Rosario Central Córdoba lado andén.


(2) En el texto de la reseña aparece el domicilio como Urquiza 252. Por lo visto hubo un cambio posterior de numeración (algo muy común en muchas ciudades del país entre 1890 y 1900), tras el cual pasó a ser 1052.
(3) Físicamente hablando, el recinto de la filial porteña existe aún en su edificio primigenio, pero por cierta ironía histórica se ubica allí una sucursal de Mc Donald’s.
(4) Durante el período que podríamos llamar fundacional del toscano manufacturado por la industria argentina (1880 a 1920), los tipos de tabaco empleados para su producción eran mayormente tucumano (en el relleno) y Virginia (en la capa).
(5) Sobre ese tema hicimos una entrada en el blog Consumos del Ayer: http://consumosdelayer.blogspot.com.ar/2012/12/cigarros-en-tela-de-juicio.html